Reseña | El Hombrecito: La Última Vuelta
La Última Vuelta es la mejor: El Hombrecito y el spoken word dominicano.
Por: Adriana Alicia Badía
Representando el renacimiento de la poesía dominicana y nacimiento del spoken word (o arte de la palabra hablada) en Dominicana, El Hombrecito se forma en el 2006 como un híbrido entre el género literario y la música conformado por los poetas Homero Pumarol y Frank Báez.
Estimulando el flujo de lecturas en sitios como bares, cafés y áreas públicas, se nota una resurrección del interés en los espacios juveniles por la facilidad al abordar temas en torno al estilo de vida caribeño como puntos para comedia y tragedia al mismo tiempo.
Sin embargo, el elemento que realmente distinguió a estos hombrecitos se da al reunirse con los músicos, Ángel Rosario, Fernando Soriano, Vladir González y Wilson López para componer la música en conjunto con los textos de los poemas, cosa que no se había hecho hasta entonces. Más adelante se integran las imágenes y proyecciones del fotógrafo Jaime Guerra engrasando así el engranaje de la maquinaria poética que comenzó a circular en el medio cultural capitalino.
Con temas como Niuyorican, Jack Veneno ha muerto, La Marilyn Monroe de Santo Domingo y Modern Times se lanza el primer álbum bajo el nombre Llegó El Hombrecito gracias a un concurso del Centro Cultural de España (octubre 2009) fusionando estilos musicales como el rock, merengue, jazz, electrónica, metal, bachata y afro beat. El colectivo va creciendo en varios sentidos, no solo por la elaboración del documental Aprendiendo a ser un Hombrecito, sino por la proyección de su trabajo en varios países como España, Colombia, Puerto Rico, Argentina y Nueva York, más un tour de la banda por Miami.
Nuevamente en octubre de este año resurgen con su segunda propuesta: La Última Vuelta, con colaboraciones de los percusionistas Ricardo Ariel Toribio y Moises Silfa, el saxofonista Gelsón Henríquez, el Guitarrista Marino Peña, Cello y Guira por parte de Johenny Agramonte, Tabla, tampura electrónica y sitar por Jhon Phillip Brown, la voz de Nathalie Ramírez y el MC San Cristobalino, Sr KR entre otros artistas invitados. Vemos una evolución más introspectiva y sociológica en los temas.
“El que no baila no come bizcocho, esa es la norma de la conversación en Santo Domingo… pero si estamos en Cabarete y yo ando con Fafico que suda romo de coco y tiene una guayabera que le hace los trucos a tu maldita madre!”
Dando una experiencia multicultural y de acción, en el disco se caracterizan otras emociones que incitan a considerar esta una de las iniciativas artísticas más variadas y creativas de la actualidad, siempre cultivando su propio sonido.
“El Montro de las Galletas” un tema que desarrolla la figura de Fafico, un personaje que le llaman Merengue King porque “tiene dos mil días sin trabajar y camina por la playa seguido de toda Europa, traduciendo los códigos, los manuscritos, las tradiciones y creencias de la antigua orden de los Sanky Pankys.”
Por igual, los sueños frustrados, los estilos de vida y las vivencias improvisadas de los dominicanos se mantienen como eje principal de este “desorden organizado”, como es el caso del tema “La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo” que marca los nervios, esperanzas y ansias que nacen en un joven de barrio deseoso convertirse en el primer dominicano jugador en la NBA.
-“Siempre quise ser el primer dominicano en la NBA, pero eso era como poner al primer dominicano en la luna.”
-“Con la mano arriba como si fuera a tocar el aro, el aro, el aro… El aro, una película de terror.”
En “Autorretrato” se bromea/lamenta la facilidad con que se da la violencia y la inseguridad ciudadana en el país. Al personaje del tema le roban tanto que según él ‘pueden abrir una compraventa en Los Prados’ o se fractura, pierde dientes, le dan cocotazos, trompadas, botellazos, accidentes con burros y en carreteras, y demás.
En “A 3 pesos la Omsa” se traza el tema del transporte y particularmente el sistema público dominicano: ‘eto no e un ’70, yo no cojo motoconcho ni un pichón volador. ‘Eto e una nave espacial, ‘eto e’ un Payan especial, bienvenidos, bienvenidos, bienvenidos.’ El mismo cuenta con un pequeño fragmento de una entrevista realizada al maestro Luis “El Terror” Dias.
Para “Anoche soñé que era DJ” se toca la dualidad que existe entre el género de la poesía y la música electrónica, básicamente por su falta de narrativa definida, y la transmisión de sentimientos entre estos, además de enfocar cómo la música electrónica y todo lo equivalente a moderno ha “ganado espacio” en la juventud y la poesía no; por igual se aborda la habilidad de la gente de opinar en todo, donde el personaje principal tiene un sueño y consulta con quienes se cruza para definir su destino y alcance del mismo.
“Voy a ver a DJ Tiësto y una gringa me tomó de la mano y me dijo que los DJ’s son criaturas de Dios, “son ángeles” dijo. Y mientras hablaba yo me imaginaba a los DJ’s volando con sus turn-tables alrededor de Dios como si fueran mosquitos y Dios los espantara con la mano. Pero bueno, la cuestión es que los poetas y los DJ’s se pueden conciliar. Se pueden ser uno.”
Porque…
“En el fondo todo DJ quiere ser poeta y todo poeta quiere ser DJ.”
El tema “Remington” viene con efectos de sonido de lluvia y musicalización onda western que describe la historia de una reliquia familiar, una escopeta Remington que su papá le compró al Tío Próspero, más nadie la sabe usar ni siquiera cuando se meten a la casa a atracar.
“Cuando la casa fue vendida, mis papás la trajeron al nuevo apartamento como a una tía soltera. Es el alma de la casa. Remington Wingmaster, calibre 12, cañón largo modelo 870. Y espera ansiosa a que lleguen las visitas.”
En “El Maharishi” se revela un estudiante que quiere la paz en medio del rebú y la controversia, terminando con un dejo de nostalgia por los jóvenes que terminan desertando el centro educativo, el cual termina volviéndose una casa de campaña pintada de morado.
“Mami apúntame en el Maharishi, decía, mientras afuera quemaban gomas, rompían brazos y lanzaban bombas lacrimógenas.”
Y una voz de ultratumba pregunta:
“Donde estarán los 7 mil alumnos del Maharishi?”
Frank Baez esta vez juega con el realismo mágico del dominicano relacionando una vieja institución educativa con Maharishi Mahesh Yogi un gurú que fue maestro espiritual de The Beatles en los 60′s y otras celebridades de la época.
Finalmente para “Caribbean Ants” el beat lo marca un funky jazz que al unísono su texto expresa los signos de identidad caribeños, el amor hacia la diáspora, lo americano y lo global.
“Y todo el mundo tiene un primo en el Canal de la Mona!”
Girando en torno a hipérboles sobre el turismo, los gallos de pelea, ron, y bolones, Caribbean Ants confluye con lo que somos y nuestra experiencia al salir de la isla.
En fin, esta Última Vuelta envuelve la vida criolla, dejando claro que la poesía sí puede ser para las masas, no un arte exclusivo ni de lenguaje refinado. Siempre teniendo como norte a la vida urbana y nuestra hibridación permanente, algo que el grupo también aplica a su estilo de producción artística al unir varios elementos visuales, auditivos y sensoriales, dejando claro que El Hombrecito interpreta de forma impecable lo que fuimos, somos y seremos.


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